viernes, 20 de febrero de 2009

Capítulo 3; Llegada

Había llegado el día de la mudanza. Me dirjía en taxi hacía el aeropuerto. Las calles de San Francisco estaban desiertas, era un sábado muy temprano y no había nadi en la calle. El taxi siguió avanzando, calle a calle hasta llegar al aeropuerto. Me bajé, le pagué lo suyo al taxista y me adentré con una maleta en el aeropuerto. Después de un largo rato conseguí descubrir cual era el mostrador al cual tenía que dirijirme.
-Disculpe, ¿donde esta la teminal 3? -pregunté a la dependienta.
-Subiendo esas escaleras y luego a la derecha -me dijo.
Seguí el camino que me había indicado. Los humanos tienen muchas habilidades, o defectos. El peor de todos es su desconfianza. Cuando pasé por una especie de puerta algo pitó. Eso significaba que llebaba algo metálico, cuando saqué una pequeña navaja del bolsillo me la confiscaron. Seguí más adelante y al fin ví la puerta de mi vuelo, en una silla esperando estaba mi padre leyendo un periódico.
-Buenos días -me dijo al sentarme yo a su lado.
-Igualmente, ¿preparado para salir de aquí? -pregunté amablemente.
-Llevo viviendo aquí más de cien años, supongo que un cambio de aires no sentará mal -dijo doblando su periódico y levantandose.
-Vamonos, nuestro vuelo ya esta listo.
Los dos nos adentramos en el pasillo de embarque. Después de un rato de espera logramos entrar en el avión, mi padre y yo fuimos a la zona V.I.P. Una vez allí nos sentamos en asientos contiguos y vimos un rato la televisión. Al rato el avión despegó y más gente fué entando. La ciudad de San Francisco menguaba poco a poco a medida que el avión subía. El vuelo fué muy largo, las dos ciudades estaban separadas por cientos de kilómetros, peroal final llegaron.

En el aeropuerto de Londres hacía frío. Todo estaba lleno de niebla y parecía que iba a llover de un momento a otro. Cuando salimos de la zona de embarque un hombre con traje de chófer tenía un cartel en la mano con el nombre: Roberts. Mi padre y yo fuimos hacía él.
-¿Son ustedes dos? -preguntó.
-Así es, vamos -dijo mi padre.
El hombre conducía una limusina y nos llevó hasta el piso de mi padre. Efectivamente empezó a llover, las gotas golpeaban el cristal con fuerza.
-¿De Estados Unidos verdad? -preguntó el conductor.
-Así es -dijo mi padre.
-Acostumbrense a este clima, casi siempre es el mismo, es lo malo de esta ciudad.
-Yo creo que a mi me gustará -dije.
Cuando llegamos al nuevo piso de mi padre nos bajamos. Mi padre me miró y luego cogió su maleta con suma facilidad, la mia la dejó en el maletero.
-¿Padre? -dije extrañado.
-Hijo, te recuerdo que tu te vas a vivir a Oxford. Aquí nos separamos, él te llevará hasta tu destino. Cuidate mucho y estudia, no todos son tan afortunados -luego me dió un ''abrazo'' y se metió en su portal.
Yo desilusionado me volví a meter en la limusina. El conductor también se metió y empezó a conducir.

La verdad es que no era realmente mi padre, pero había vivido con él mucho más que cualquier persona con otra. Él fué el médico que en su día me mordió para salvar su vida. Estaba débil, le habían disparado en una pierna y estaba perdiendo mucha sangre, yo no me dí cuenta hasta que todo pasó. Me mordió y bebió toda mi sangre, después de vaciarme se arrepintió de haber matado a un humano y dejó caer en mi boca unas gotas de su sangre, así fué como me transforme. Así fué como él estableció el vínculo de Sire y aprendiz...

Cuando me dí cuenta la limusina ya había pasado un cartel donde ponía: Welcome to Oxford. Ya había llegado a mi destino, el día siguiente sería un gran día. Estaba preparado para empezar una vida nueva, sin sangre humana. Pero entonces caí en la cuenta.
-¿Cómo me alimentaré de ahora en adelante? -murmuré para mis adentros.

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