Hacía frío. Todo estaba oscuro. El rumor del viento entre las hojas de los árboles era lo único que se escuchaba en ese espeso bosque. Todo estaba tranquilo, todo estaba silencioso. Yo descansando en la hierba notaba como me palpitaba el corazón más rápido que nunca, desde que fuí al médico del pueblo me encontraba extraño, pero ese día más que nunca.
El silencio se rompió de golpe, un carruaje pasó por un camino de tierra hasta detenerse. Un hombre saltó del asiento del condutor para mirar un cartel de madera donde ponía: ''San Francisco 20 millas'', cogió un caballo y se marchó. Entre los árboles me quedé mirando el carruaje y caballos, una chica de pelo castaño salió de este, se quedó mirando la huida del chofer. Y maldijo en alto. Mi corazón palpitaba más rápido que nunca, estaba nervioso, me levante y me acerqué al coche con sigilo para que no se diera cuenta. Había llegado ya a menos de diez metros y casi no podía seguir, tenía que pedir ayuda, me iba a desmayar, el sudor me empapaba la cara y entonces lo noté: Un profundo frío me inundo el cuerpo y para mi sorpresa ya no notaba el corazón. Me lo palpé con las dos manos, no latía. Mi boca estaba seca, demasiado, me dolía todo el cuerpo y tenía la mirada borrosa, entonces escuché algo.
-¿Quién anda hay? -preguntó la mujer con un cuchillo en las manos.
Sin darme cuenta había caminado hasta llegar a dos metros del abandonado carruaje, la mujer me apuntaba con con un cuchillo en las manos pero yo sólo podía mirarle a la cara, más precisamente al cuello. Mis piernas actuaban por si solas, cada vez más rápido. La mujer asustada empezó a correr, no le sirvió de nada, la alcance en un momento y luego... desperté.
Estaba tumbado en la misma tierra, pero ésta estaa más gastada. Tenía el mismo aspecto físico, pero no la misma edad. El cartel ya no era de madera, era de metal. Habían pasado 154 años. Cada noche iba a aquel lugar para recordar lo ocurrido, y ese día pasó algo especial.
Un coche se detuvo a mirar el cartel, supuse. Me equivoqué, se le habían pinchado las ruedas. Una mujer salió del asiento del conductor con una linterna para intentar arreglarlas pero esta vez no tarde tanto en llegar.
En unos pocos segundos me encontraba a espaldas de la mujer. Ella no advertía mi presencia pero yo la observaba a menos de unos dos metros. Estaba estresada, no paraba de gritar y maldecir en alto, luego se levantó y fué a coger una herramienta que había sacado del maletero y dejado en el suelo, para su sorpresa ya no estaba.
-¿Buscas esto? -pregunté en un susurro, la mujer se quedó helada.
-¿Qu..quién eres tu? -tartamudeó caminando lentamente hacía atras.
-Tranquila, no temas... -dije cogiéndole la mano con cautela.
Ella asustada empezó a correr dirección al bosque. Eso me enfureció. La seguí lo más rápido que pude, pero no la atrapé, quería jugar un rato con la comida antes de comermela. Ella corría sin mirar atrás, estaba sustada, su corazón palpitaba muy deprisa, lo podía escuchar.
Yo estaba en mi elemento. Me deslizaba entre los arboles acompañado de la oscuridad y del silencio, nadie podía advertir mi presencia, ni el más delicado animal del bosque. Después de un rato la mujer se detuvó y miró hacía atras, luego esbozó media sonrisa, pensaba que me había perdido. Me deslizé hasta llegar a su espalda, ella no se dió cuenta. Mis labios rozaron su cuello y esta se giró muerta de miedo. No había nadie. Cuando volvió a mirar al camino dejado atrás me vió. Luego dió un grito ahogado que despertó a todos los animales del bosque, ella en cambio no despertaría nunca más...
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario