Habían pasado ya varios días desde el asesinato de la mujer en el bosque. Yo caminaba por las oscuras calles de San Francisco dirijiéndome al portal de un gran edifício, había quedado allí con mi padre, bueno, mi padre adoptivo. Entre a una gran recepción muy acojedora, lamparas que intentaban imitar un diseño del siglo XIX, moquetas de un color rojo granate con detalles dorados, y al fondo un ascensor.
-¿Le podría ayudar? -me preguntó una de las recepcionistas.
-¿El restaurante Farolillo Rojo? -pregunté.
-Es el piso 34, el último.
-Gracias -dije adentrandome en el ascensor que acababa de llegar.
Pasó un minuto hasta que el ascensor se detuvo en el último piso, en la parte superior del ascensor había un gran número electronico que marcaba el piso 34. Cuando las puertas se abrieron ví como era el restaurante: Tenía un aire chino, o japonés, no se distinguir ambas cosas. Habín farolillos chinos por todo el restaurante, las paredes de los alrededores estaban ocupadas por grandisimas ventanas desde las cuales se veía toda la ciudad. Me dirijí al encargado y le pregunté sobre mi mesa.
-Disculpe, ¿me podría indicar donde está mi mesa?
-¿Su reserva es? -preguntó con aire superior.
-Roberts -dije.
-Sígame...
Le seguí hasta uno de los compartimentos para clientes exclusivos, deduje que allí se encontraba mi padre. Abrió la puerta deslizante y efectivamente allí estaba, sentado sobre sus rodillas con una copa de sake en la mano, luego hizo un gesto con la cabeza y el encargado se fué, yo entré y me senté a su lado.
-¿Qué hemos estado hablando desde que te convertiste? -me preguntó.
-Pués, que nadie descubra lo que somos, y que no deshonre a la família -respondí poniendome una copa de sake.
-¡Hemos hablado sobre lo de matar a humanos porque sí! -gritó lanzando su copa de sake.
-Padre... la sangre fresca no es la misma que la de las farmácias... -susurré.
-¡Desde que te convertí no has parado, tenemos que mudarnos! -gritó.
-¿Mudarnos? -pregunté sorprendido.
Después de un rato de silencio mi padre se levantó. Dejó su copa encima de la mesa y fué dándose una vuelta por la habitación, después de un rato se detuvo, bajó la mirada y habló.
-Me han propuesto dirijir una empresa en Inglaterra, más concretamente en Londres. Es el clima perfecto para nosotros y además podrás ganarte una educación digna en la más grande universidad desde 1906 -luego sonrió.
-¿Yo estudiar en Oxford? -dije soprendido- No tengo la edad adecuada, me convertistes demasiado pronto.
-Tienes 171 años, me parece suficiente para entrar en la Universidad. Además, el director es un viejo conocido de la família -después de un rato de silencio prosiguió-. Prepara tus maletas, partimos en tres días hacía allí. Yo me he comprado un piso de lujo en el centro de Londres pero tu... Tu tienes alquilada una casa en Oxford, así que nos veremos poco, no hagas locuras.
Después de su charla se fué, yo me quedé allí en ese compartimento mirando por la ventana. En 171 años no había salido de aquella ciudad y ahora que se me presentaba la oportunidad tenía miedo de lo desconocido. Después de pensar un rato me dí cuenta de que no tenía nada que temer, abrí la ventana y disfruté un rato del aire de aquella ciudad, aún llegaba el olor de agua salada del mar.
Cerré los ojos. Aspiré hondo. Salté al vacio, caía rápidamente, poco a poco más depisa y llegué al suelo de pie, me agaché para reducir el impacto y luego me alzé, me aparté el pelo de los ojos y me dirijí a la carretera para cojer un taxi. En tres días estaría en Inglarerra, Europa. Continente de los nuestros. No podía esperar...
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